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Serenos, morenos (¿o es mucho pedir?)

“¡Ave César!, los que vamos a morir te saludamos”.

“No somos más que un gran campamento de negociantes frívolos e irresponsables ocupados sólo por el presente”.

“El gobierno no es una razón, tampoco es elocuencia, es fuerza. Opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible; en ningún momento se debe permitir que manos irresponsables lo controlen”.

El legado obradorista

¿Qué recordaremos de este sexenio? Supongo, entre otras cosas, la eterna campaña.

¿Cuándo empezó la vorágine de anuncios sin fin que nos ahoga?Formalmente inició en el 2006; la primera etapa terminó con laselecciones del 2018. Luego, a partir del 2018 al 2021, se desenvolviórumbo a las elecciones intermedias. Le siguió aquello de la consultapopular en contra de los presidentes y de ahí saltó a la revocación demandato este año, y más tarde a las elecciones de seis estados de laRepública. Ahora estamos en la última etapa —esperemos— de aquí al 2024.Claro, en este último tramo habrá “una parada” en el 2023 por aquellode las elecciones que se llevarán a cabo en Coahuila y en el Estado deMéxico.

El asunto es que los jugadores de Morena del 24 ya desde ahorainiciaron sus campañas a la presidencia de la República. Sí, elproselitismo eterno iniciado por Andrés Manuel, continuado por él,orquestado por él y ahora con corcholatas. Queda claro: si tuviésemos que definirlo en tres palabras, el lopezobradorismo es una eterna campaña.

Ana Lozano escribió de El lado oscuro de los delfines


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